Economía

Ante la crisis ¿sacamos la máquina de hacer dinero?

Desde marzo de este año, la Oficina de Presupuesto del Congreso advirtió que para 2051, la deuda de Estados Unidos se dispararía al 202 por ciento de su Producto Interno Bruto y como consecuencia, aumentaría el riesgo de una crisis fiscal.

Quizá desde entonces, la llamada Teoría Moderna Monetaria (TMM) comenzó a tomar fuerza en los debates de política económica como una respuesta a ese desajuste fiscal que se ha observado en la mayoría de las economías.

Básicamente la idea es que, para financiar el gasto público dirigido a estimular el empleo y la economía real, los gobiernos con la capacidad de emitir su propia moneda cubran ese déficit y endeudamiento sacando la maquinita de hacer dinero del Banco Central.

Así, la principal recomendación derivada de esta TMM es apostar por una nueva forma de política fiscal en la que los presupuestos no centren el debate en sus saldos contables, sino más bien en la efectividad de los programas de gasto público y que esto permita llevar la economía al pleno empleo.

Y como sucede con todas las teorías rupturistas, la TMM despierta reacciones de amor y odio entre la comunidad de economistas.

Por un lado, hay expertos que señalan que la financiación monetaria del gasto como palanca de crecimiento es una vía que puede dar frutos, pero que no está exenta de idealismo.

Por otro, quienes aseguran que es la mejor opción para lograr que el déficit público –gastar más de lo que se ingresa– no sea un problema, porque el Estado no ha pedido prestado a la gente el dinero que gasta, sino que, al contrario, con ese gasto ha inyectado dinero en la sociedad.

Y es que la visión de la TMM es que los gobiernos primero gastan, introduciendo su moneda en el sistema económico, luego, esta moneda es retirada a través de impuestos o deuda del Estado. 

Como consecuencia, el Gobierno que disfrute de soberanía monetaria puede gastar sin más ataduras que las autoimpuestas restricciones legales del proceso presupuestario.

Prácticamente el dinero en moneda nacional que hay en un país soberano procede del que ha creado el Estado a través del Banco Central y por tanto, es absurdo que la Administración pública tenga que pedir prestado dinero a nadie, particular o banco privado, y pagarle intereses porque todo ese dinero antes lo creó justo su Banco Central y lo puede seguir creando.

Sin embargo, para muchos, esta teoría es solamente una reinterpretación de las propuestas del economista británico John Maynard Keynes para estimular la demanda en los episodios recesivos.

Sebastián Edwards, ex economista jefe para Latinoamérica del Banco Mundial, señaló en una entrevista para el World Economic Forum que una versión de esa misma teoría ya se aplicó en algunos países de la región con gobiernos populistas.

En todos los casos, precisó Edwards, con argumentos similares a los que están ahora en boga para justificar enormes aumentos del gasto público financiados por el banco central.

“Todos estos experimentos llevaron a una inflación descontrolada, enormes devaluaciones de la moneda local y caídas aceleradas del salario real”, señaló el actual profesor de Economía Internacional en la Universidad de California (UCLA). 

Aún así, la idea de la TMM ha sido aplaudida por políticos progresistas, como Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez.

El asunto es que también Wall Street parece seducido por esta teoría, de acuerdo con un reporte del World Economic Forum.

“Gestores de patrimonios, consejeros delegados y analistas financieros están dando la bienvenida al nuevo enfoque monetario que, según ellos, es útil para elaborar pronósticos económicos y estrategias”, detalla la organización.

En el reporte hecho por Oficina de Presupuesto del Congreso en marzo de este año, se informó que se espera que los pagos de intereses netos sobre la deuda se mantengan relativamente bajos durante la próxima década y luego aumenten rápidamente durante los siguientes 20 años. 

Además, se proyectó un rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años, después de la inflación, en 2.6% en 2050. 

Y en un entorno de ruptura de la relación de inflación y desempleo, la Reserva Federal estadounidense (Fed) reconoce no haber llegado a su objetivo del 2% de inflación en los últimos años.

Debido a eso, no es de extrañar su preocupación por el menor margen de acción de la política monetaria convencional en un contexto de muy bajos tipos de interés.

Aún así, casi todos los expertos coinciden en que no parece que la TMM pueda ser utilizada como una guía sistemática para el diseño de la política económica ya que adolece de varias limitaciones. 

 
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