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¡Fin del juego! La criptomoneda inspirada en el Juego del Calamar resultó en estafa.

La fiebre por la serie de Netflix, “El juego del calamar” llegó al mundo de las criptomonedas y terminó en una estafa. Unos desarrolladores de videojuegos crearon una versión online del programa en el que, para jugar, se necesitaba una criptomoneda llamada “Squid”.

“Cuantas más personas se unan, mayor será la bolsa de recompensas”, decían los creadores de la divisa.

En el juego la premisa era que se llevarían el 10% de la cuota de inscripción y el 90% restante se entregaría al ganador final.

“Y lo que es más importante, ¡no proporcionamos consecuencias mortales aparentemente!”, advertía en tono de broma el web oficial Squidgame.cash.

La moneda digital se estrenó a finales de octubre comenzando a 0.01 de dólar, pero a los tres días, ya superaba los 6.27, un incremento de más del 60,000%. Sin embargo, como era de esperarse, de la noche a la mañana su valor comenzó a bajar para llegar de nuevo a cero. 

Tras esta caída, se reveló que sus creadores habían abandonado el proyecto llevándose más de 3.38 millones de dólares de quienes habían invertido, de acuerdo al sitio especializado, Gizmodo.

Este tipo de estafa es muy recurrente. Los creadores venden de golpe todas sus criptomonedas aprovechando que el valor está alto y luego desaparecen lo que provoca que la cripto se devalúe.

Este tipo de fraude es habitualmente conocido como el “tirón de alfombra”.

Ocurre cuando el promotor de un token digital atrae a compradores, detiene la actividad bursátil y huye con el dinero que consiguió de las ventas.

Según algunos usuarios, las señales de que esto era una estafa eran muchas y muy ruidosas. Primero, la página web estaba llena de errores ortográficos, y además un detalle fundamental: los inversores podían comprar, pero no vender.

La “Squid” es lo que se conoce como una criptomoneda “play-to-earn”, porque los usuarios las compran para jugar a videojuegos online con los que pueden ganar más tokens.

En el caso de squid, se cree que muchos compradores eran gamers que querían jugar a la versión online de “El juego del calamar”.

 
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