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La economía de la dona, un modelo que se antoja

Kate Raworth se define a sí misma como una “economista renegada” y su libro Doughnut Economics está siendo un parteaguas sobre los conceptos de cómo crear economías regenerativas y distributivas.

Tanto, que Ámsterdam, Bruselas y Copenhague, tres de las ciudades más ricas y envidiadas del mundo, ya han abrazado este nuevo modelo económico que se basa, tal cual, en una dona.

La economía de la dona: Siete formas de pensar como un economista del Siglo 21, utiliza una dona para elaborar una estructura que guía una revolución en el sistema económico global.

En este modelo se ponen los derechos sociales como base y la capacidad productiva del planeta como límite.

Visualiza una dona. Sí, puede ser de chocolate.

Lo que Raworth explica es que justo donde termina la masa y comienza el agujero están los derechos sociales de la población.

¿Cuáles derechos? Los básicos, comida, educación, salud, agua, vivienda.

Todo el que no tenga garantizados estos derechos está viviendo en el hoyo, es decir, fuera de un mundo justo.

Luego, está el borde externo de la dona. En el modelo de Raworth eso representa todo lo puede estar mal en el planeta: la contaminación del aire, la destrucción de la capa de ozono, la extinción de especies y pérdida de biodiversidad, por ejemplo. 

Eso se refiere a las nueve limitantes para una economía saludable, de las cuales, por cierto, hemos superado ya, por lo menos cuatro.

Pero bueno, el objetivo general del modelo de la dona es permanecer en el espacio seguro y justo para la humanidad. Entre los derechos sociales mínimos que deben ser garantizados y el impacto máximo al ecosistema que puede permitirse antes de que sea irreparable.

Buscar un equilibrio económico y ecológico tal que garantice que no caeremos en condiciones de desigualdad social y tampoco permita que el crecimiento se sobrepase en un colapso ambiental amenazante. 

Las teorías económicas de esta renegada han tenido tanto auge que incluso se creó el Doughnut Economics Action Lab, un proyecto que se encarga de proporcionar herramientas y equipar a todo aquel que quiera poner en práctica este modelo de economía.

Ámsterdam, por ejemplo, ya lo hizo. La capital holandesa adoptó este modelo para guiar su recuperación social y económica tras la pandemia de Covid19.

Lo que están haciendo es construir un edificio a las afueras de la ciudad, el cual se ajusta completamente a los principios de construcción de la doughnut economic: está hecho de materiales recuperados, es eficiente energéticamente y tiene un diseño modular, los muros están atornillados y recortados para que se puedan desenlazar y desechar si hay partes que necesitan reparación.

La capital belga fue la segunda en adoptar oficialmente el modelo y Copenhague comenzó recientemente a trabajar en un plan en la misma línea.

“El apoyo político es importante, pero este es un cambio, una transformación que debe involucrar a todos”, dijo Dfmas Laure Malchair, directora de Confluences… y esa es, sin duda, el mejor modelo.